Aventuras de un osito

María Fernandez
María Fernandez

En el gran parque zoológico había nacido un lindo osito que vivía con su mama en una casita, todos le mimaban y le querían.

En el zoológico le habían regalado una linda gorrita roja y la más hermosa camisa con adornos dorados, del cual el osito se sentía muy orgulloso. Pero este pequeño alegre y juguetón, sentía un gran deseo de aventurar por el campo fuera del zoológico. Y un día, la puerta estaba abierta y aprovechó la ocasión de salir por ella y escapo a todo correr.

Al intrépido osito no se le ocurrió pensar que mama osa, al saberlo, le iba a causar gran tristeza y tendría dolor por su ausencia.

El osito no paro de correr hasta llegar al bosque. Cuando al fin llego a su destino se divertía mucho arrojándole piedras a los pajaritos y les quitaba a las abejas su miel. En una de esas resbalo y cayó al rio. Fue así que todos los animales que vivían en el bosque vieron su aspecto y se burlaron al ver el aspecto del pequeño osito.

El pequeño osito se lamentaba de haber tenido una caída tan desagradable, y fue entonces que un sabio búho lo vio, se acercó y le dijo:

  • “¡Eh jovencito! A usted le digo… al de la gorra roja. Sabe que hizo muy mal al escaparse de su casa” “ahora su pobre madre debe estar muy triste, y en el bosque se puede conseguir con muchos peligros que usted ni siquiera sospecha”.

Entonces, al terminar de hablar el búho se oyó una poderosa voz que venía de lo profundo del bosque acercándose a ellos dijo:

– “¿Peligros, dijo?, ja, ja, ja, ja… soy el oso grande y fuerte, por eso soy el dueño del bosque.” – ¡Ja, ja…! Ya veo que ha llegado un osito pequeño y despreciable. – Dime: ¿Quién eres tú?

El osito temblaba y no podía hablar por el temor que sentía. El oso Grandon exclamo con vozarrón:

  • “Bueno, además de pequeño, es mudo…” – decía el oso grandulón, “me da igual porque no va a quedar de él ni siquiera las orejas”.

El osito estaba arrepentido por haber abandonado su casita en el zoológico, donde también vivía y comprendió recién que ahora si podía correr grave peligro.

  • “Entrégame enseguida esa camisa y también tu gorra roja. A ti ya no te hará falta”. Decía el malvado oso.

El osito se vio despojado en algún instante de esas prendas que tanto le gustaban, y se echó a llorar. Entre las lágrimas, pudo ver que el oso grandon se acercaba empuñando un grueso garrote.

– “No me hagas correr tanto, porque se me cansan las piernas…” replicó el oso.

– “En castigo, te voy a dar cuatro golpes en lugar de dos”, rugía amenazante. Pero el osito corría más y más de prisa…

Llegaron a un lugar donde un grueso tronco servía de puente, para cruzar el precipicio, y el oso Grandon rio triunfalmente:

  • “Arrojaré el tronco al barranco, y tu caerás junto con él. Ja, ja, ja…” ¡hasta la vista señor osito!

Pero, antes de que pudiera hacerlo, varios cazadores que venían persiguiéndolo hacía ya bastante tiempo lo alcanzaron, lo amarraron y lo llevaron preso.

El osito recupero su gorra roja y su linda manisa, y se olvidó de su afán de aventuras. Se encamino presuroso a su hogar, sonde mamá osa estaba impaciente por su regreso.

  • “¡Que bien que estas en casa mi osito!” – mamá osa lo acarició, en tanto que sus labios decían una gran verdad…:
  • “En ningún sitio están los pequeños tan seguros y mejor que con sus padres”. Fin.

 

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