El omega como suplemento en niños con autismo

María Fernandez
María Fernandez

El autismo y el omega 3 tienen una relación  favorable que muchos no conocen y que en esta oportunidad hablaremos sobre ello.  En primer lugar el autismo se define como el trastorno neuro psiquiátrico que se caracteriza por el déficit en la comunicación y las interacciones sociales, además de un comportamiento inusual y reincidente.

Esta enfermedad se diagnostica antes de cumplir los seis años de edad; esta condición puede agravarse considerablemente, incluso hasta llevar al individuo a un retardo significativo. Sus causas son muy complejas, incluso pueden ser combinaciones de efectos genéticos, anormalidades del sistema inmune, así como la perturbación ambiental y bioquímica.

Se puede definir como un grupo de trastornos complejos del desarrollo del cerebro. Se reconocen como subtipos distintos como el trastorno autista; el trastorno desintegrativo infantil; trastorno generalizado del desarrollo no especificado; y el síndrome de Asperger. Estos pueden asociarse con la discapacidad intelectual, las dificultades en la coordinación motora; dificultades para desarrollar empatía ante la mayoría de los aspectos; y problemas de salud física, tales como el sueño y trastornos gastrointestinales.

Existe un alto índice de trastornos alimenticios en el autismo. Generalmente, se producen efectos nocivos en una alimentación selectiva que se orienta hacia la comida con exceso de grasa, colesterol, azúcar y lácteos. Se ha comprobado una estrecha relación entre los problemas de alimentación y la bioquímica cerebral, en especial la Serotonina.

La Serotonina es una monoamina neurotransmisora sintetizada en las neuronas serotoninérgicas del sistema nervioso central. La serotonina representa un papel importante como neuro-transmisor en la inhibición de la ira, la agresión, la temperatura corporal, el humor, el sueño, el vómito y el apetito. También interviene en otros neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, que están relacionados con la angustia, la ansiedad, el miedo y la agresividad.

Es en este momento donde se menciona el omega 3 como un aliado para mejorar esta enfermedad, ya que el omega-3 es un ácido graso poli-insaturado de cadena larga. Cuando se encuentra suficiente omega-3 en la membrana de la célula, su estructura larga y flexible evita que la membrana de la célula se vuelva demasiado rígida para los nutrientes y los desechos que vienen y van como deberían. Es como un semáforo para su membrana celular.

Existe valiosa evidencia de que los ácidos grasos omega 3 de cadena larga pueden modificar el riesgo de trastornos neuro-psiquiátricos en adultos y que estos ácidos grasos poli-insaturados pueden ser de interés para algunos trastornos neurológicos en el desarrollo de la infancia.

Esto se debe a que las vitaminas y minerales son parte del proceso de producción o control del nivel de neurotransmisores, además de que participan en el control del estrés oxidativo. Hay cientos de estudios preliminares que están de acuerdo en que el Omega 3 para el autismo tiene potencial para ayudar a niños que lo padecen. Sugieren que las dificultadas asociadas con estos trastornos pueden explicarse parcialmente a través de la falta de estos ácidos grasos.

La administración de suplementos de estos grasos esenciales puede dar lugar a una gran mejoría en los síntomas. Sin embargo, se requieren ensayos controlados aleatorios amplios y con períodos de seguimientos más largos, antes de poder realizar recomendaciones definitivas acerca de un tratamiento a base de Omega como suplemento en niños con autismo.

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