La habilidad y el poker

María Fernandez
María Fernandez

Nadie en el sano manejo de sus facultades mentales, podría negar que el póker, al igual que todo aquel juego que esté regido por unos naipes barajados y repartidos de manera aleatoria, se rige principalmente por las indomables fuerzas del azar.

Pero de todos modos, existe, al menos en el póker, la importante participación de una variable más que medular para la correcta practica del mismo.

Ésta variable es la habilidad, la habilidad de hacer de una buena racha, una excelente racha; de hacer de una mano de póker, una suma considerable de torneo. Antes que nada hay comprender que es posible, a través de la habilidad, dominar, flexibilizar y articular a su favor, los designios del azar.

Es que el factor habilidad es de tal importancia para un jugador de póker, que la cantidad y la calidad de la misma es la que en definitivas cuentas (más que el azar incluso) define los rasgos más incipientes de, no solo una partida sino también de toda una carrera.

Hace ya un tiempo, un brillante y reconocido matemático Holandés de nombre Ben Van Genuten, realizó una complicada formula de ecuaciones algebraicas que le permitió definir, en una completa tabla de valores, que cantidad de habilidad mental se precisa para practicar exitosamente los diferentes juegos no-deportivos, calificándolos, sencillamente dentro de una escala del 1 al 10. En dicha tabla, Genuten ubicó en lo más alto al ajedrez, que según él, necesitaba de un máximo de 10 puntos de habilidad para practicarlo correctamente.

Por otro lado y en la otra punta de la tabla se hallaban las tragaperras, que requerían una habilidad mental de 0. El póker, por su lado, en ésta lista, presentaba un nivel de habilidad requerido de 5, lo que no es para nada poco para un juego de naipes, donde la presencia del factor azar se halla totalmente “a flor de piel”, por decirlo de alguna manera.

De modo que podemos concluir, que para resultar exitoso en materia de póker (cualquiera sea la versión del mismo que estemos practicando), la suerte y la habilidad comparten a medias la responsabilidad en el destino de una partida, un torneo o una carrera. Recalquemos que claramente, vale la pena nunca abandonarse plenamente al azar durante el juego, sino que hay que tomar una posición activa y revelarse contra eso, buscando siempre la vuelta de razonamiento para que la partida acabe a nuestro favor.

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